martes, 24 de enero de 2017
“Curo más con el amor que con los fármacos”
La Vanguardia 20/01/02017. Extracto artículo entrevista a Jordi Domigo Ribas.
Soy un psiquiatra biologista conductual clásico.
- Lo sé.
Y puedo asegurar que curo más con el amor que con los fármacos, así que combino ambas cosas.
- Sufrimos una epidemia de ansiedad.
Sí, de ansiedad y de depresión. Mi teoría es que se debe a la falta de valores. La clave está en potenciar tu alma, la capacidad de amar y de dar.
- La clase media venida a menos sobrevivimos entre interminables obligaciones.
Ese exceso de obligaciones y trabajo nos impide crecer espiritualmente.
- No cabe en la agenda.
Por eso olvidamos que nacemos con la felicidad dentro. Crecemos y la buscamos fuera, y así apagamos el entusiasmo y la satisfacción de dar lo que tenemos. Desesperados, hacemos meditación para reducir nuestra ansiedad, pero en general no para crecer. Estamos en mínimos.
- Necesitamos a los otros para crecer.
Sí, necesitamos ser amables con los demás, poner en práctica nuestra generosidad, paciencia y capacidad de comprensión para desarrollarlas; esto es crecimiento interior.
- Amar es un verbo que se debe conjugar.
Los estudios demuestran que los niños que crecen con sus abuelos en casa son más felices y equilibrados. Pero hoy, como molestan y no producen, los dejamos en residencias.
- Hábleme como psiquiatra.
Le estoy hablando como psiquiatra. Le aseguro que la mejor medicina para acabar con la propia ansiedad o depresión es dar amor, a tus plantas, a tu perro, a tu gente..., y si puedes, a todo aquel con quien te cruzas. Pero dar amor para recibir amor..., eso es un contrato.
- Perdone, pero si das y no recibes nada, eso es el desierto.
El otro será el desierto, no tú. Le aseguro que ayudar a morir a una persona te llena de vida. Nosotros lo hacemos y no cobramos por ello, lo que nos causa problemas en el hospital, que es privado. El concepto de amor está muy equivocado en nuestra sociedad. Amor es dar.
- Creía que los psiquiatras no deben involucrarse emocionalmente con sus pacientes.
Yo quiero a mis enfermos, tengo 55.000 historias abiertas, e intento curarlos con pastillas, con psicología y con amor. “Doctor –me dicen–, que usted quiera que yo esté bien me da fuerza para estar bien”.
- Es usted un extraño psiquiatra.
He pasado muchos años y muchas horas en manicomios con enfermos muy graves y medicados, pero a los que el amor también les llega.
- Ahora viven en hospitales psiquiátricos.
Sí, han perdido los jardines. Son enfermos que viven encerrados en sí mismos, esquizofrénicos graves, pero responden al amor. Yo he tenido la suerte de buscar siempre la bondad.
- ¿Por qué?
Mi madre me regaló una gran lección. Tuvimos una cocinera durante 40 años en casa; cuando se hizo viejecita se quedó inválida y mi madre nos dijo: “María se queda en casa”. Hasta que murió, siete años después, mi madre le limpió el culo. Teníamos servicio, así que le pregunté: “Mamá, ¿por qué no lo hace la asistenta?”.
- ¿Y qué le contestó?
“Porque no es su trabajo. El trabajo de cuidar a María es mío”. Fue una lección absoluta de valores humanos que me ayudó a crecer.
- ¿Un científico creyente?
Yo no creo en Dios, ojalá, pero sí en la bondad, y en su carencia, que se parece mucho al mal. A los 18 años trabajé en un orfanato en Barcelona; los niños me contaron que sufrían abusos sexuales; cuando dije a la dirección que lo iba a denunciar me amenazaron, me asusté y lo dejé.
Artículo completo: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170120/413511629424/curo-mas-con-el-amor-que-con-los-farmacos.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=facebook&utm_medium=social
- Lo sé.
Y puedo asegurar que curo más con el amor que con los fármacos, así que combino ambas cosas.
- Sufrimos una epidemia de ansiedad.
Sí, de ansiedad y de depresión. Mi teoría es que se debe a la falta de valores. La clave está en potenciar tu alma, la capacidad de amar y de dar.
- La clase media venida a menos sobrevivimos entre interminables obligaciones.
Ese exceso de obligaciones y trabajo nos impide crecer espiritualmente.
- No cabe en la agenda.
Por eso olvidamos que nacemos con la felicidad dentro. Crecemos y la buscamos fuera, y así apagamos el entusiasmo y la satisfacción de dar lo que tenemos. Desesperados, hacemos meditación para reducir nuestra ansiedad, pero en general no para crecer. Estamos en mínimos.
- Necesitamos a los otros para crecer.
Sí, necesitamos ser amables con los demás, poner en práctica nuestra generosidad, paciencia y capacidad de comprensión para desarrollarlas; esto es crecimiento interior.
- Amar es un verbo que se debe conjugar.
Los estudios demuestran que los niños que crecen con sus abuelos en casa son más felices y equilibrados. Pero hoy, como molestan y no producen, los dejamos en residencias.
- Hábleme como psiquiatra.
Le estoy hablando como psiquiatra. Le aseguro que la mejor medicina para acabar con la propia ansiedad o depresión es dar amor, a tus plantas, a tu perro, a tu gente..., y si puedes, a todo aquel con quien te cruzas. Pero dar amor para recibir amor..., eso es un contrato.
- Perdone, pero si das y no recibes nada, eso es el desierto.
El otro será el desierto, no tú. Le aseguro que ayudar a morir a una persona te llena de vida. Nosotros lo hacemos y no cobramos por ello, lo que nos causa problemas en el hospital, que es privado. El concepto de amor está muy equivocado en nuestra sociedad. Amor es dar.
- Creía que los psiquiatras no deben involucrarse emocionalmente con sus pacientes.
Yo quiero a mis enfermos, tengo 55.000 historias abiertas, e intento curarlos con pastillas, con psicología y con amor. “Doctor –me dicen–, que usted quiera que yo esté bien me da fuerza para estar bien”.
- Es usted un extraño psiquiatra.
He pasado muchos años y muchas horas en manicomios con enfermos muy graves y medicados, pero a los que el amor también les llega.
- Ahora viven en hospitales psiquiátricos.
Sí, han perdido los jardines. Son enfermos que viven encerrados en sí mismos, esquizofrénicos graves, pero responden al amor. Yo he tenido la suerte de buscar siempre la bondad.
- ¿Por qué?
Mi madre me regaló una gran lección. Tuvimos una cocinera durante 40 años en casa; cuando se hizo viejecita se quedó inválida y mi madre nos dijo: “María se queda en casa”. Hasta que murió, siete años después, mi madre le limpió el culo. Teníamos servicio, así que le pregunté: “Mamá, ¿por qué no lo hace la asistenta?”.
- ¿Y qué le contestó?
“Porque no es su trabajo. El trabajo de cuidar a María es mío”. Fue una lección absoluta de valores humanos que me ayudó a crecer.
- ¿Un científico creyente?
Yo no creo en Dios, ojalá, pero sí en la bondad, y en su carencia, que se parece mucho al mal. A los 18 años trabajé en un orfanato en Barcelona; los niños me contaron que sufrían abusos sexuales; cuando dije a la dirección que lo iba a denunciar me amenazaron, me asusté y lo dejé.
Artículo completo: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170120/413511629424/curo-mas-con-el-amor-que-con-los-farmacos.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=facebook&utm_medium=social
jueves, 19 de enero de 2017
miércoles, 18 de enero de 2017
“La vuelta a casa: El regreso a sí misma”
Clarissa Pinkola en “Mujeres que corren con lobos” relata el más importante de los ciclos, el del regreso a casa, a la casa salvaje, a la casa del alma.
“El hijo espiritual es la niña milagrosa, que tiene la capacidad de oír la llamada, la lejana voz que nos dice ya es hora de regresar a nosotras mismas. El niño es una parte de nuestra naturaleza medial que nos apremia, pues es capaz de oír la llamada cuando ésta se produce. Es el niño que se despierta del sueño, se levanta de la cama, sale a la ventosa noche y baja corriendo al embravecido mar que nos induce a afirmar…” “Pongo a Dios por testigo de que seguiré por este camino” o “Resistiré”, o “No me desviaré”, o “ Encontraré la manera de seguir adelante”.
Es el hijo quien le devuelve a su madre la piel de foca, la piel del alma. Es él quien le permite regresar a su casa. Este hijo es un poder espiritual que nos induce a seguir adelante con nuestra importante tarea, a rechazar algo, a cambiar nuestra vida, a mejorar nuestra comunidad, a colaborar en el empeño de equilibrar el mundo, todo ello gracias a nuestro regreso a casa. Si una mujer desea participar en estas cosas, es necesario que tenga lugar el difícil matrimonio entre el alma y el ego y tiene que nacer el hijo espiritual. Los objetivos del dominio son la recuperación y el regreso.
Menos mal que existe esta señal natural del regreso a casa, tanto más insistente cuanto mayor es nuestra necesidad de regresar. La señal se dispara cuando todo empieza a ser “demasiado”, tanto en sentido positivo como negativo. Puede haber llegado el momento de regresar a casa, tanto cuando existe demasiado estímulo positivo como cuando se registra una incesante disonancia. Es posible que estemos demasiado inmersas en algo, que algo nos haya agotado demasiado, que nos amen demasiado o demasiado poco, que trabajemos demasiado o demasiado poco. Todas estas cosas tienen un precio muy alto. En presencia de un “demasiado”, nos vamos secando poco a poco, se nos cansa el corazón, empieza a faltarnos la energía y surge en nosotras un misterioso anhelo, que sólo acertamos a describir como “un algo”, que se intensifica cada vez más. Es entonces cuando nos llama el Viejo.
La sensación de sentirnos desagarradas procede del hecho de oír, de manera consciente o inconsciente, que algo nos llama y nos pide que regresemos, algo a lo que no podemos contestar que no, so pena de sufrir un daño.
Si no acudimos cuando es el momento, el alma vendrá a buscarnos…
La vieja foca surge por la noche y el niño avanza a trompicones por la noche…el principal protagonista descubre una asombrosa verdad o recupera un valioso tesoro mientras camina a tientas en la oscuridad... Nada mejor que la oscuridad para que la luz, la maravilla, el tesoro destaquen en toda su magnificencia. La “noche oscura del alma”…
Las imágenes que giran alrededor de la oscuridad transmiten un ancestral mensaje que dice: No temas “no saber”. En distintas fases y en distintos períodos de nuestra vida así tiene que ser. Este aspecto de los cuentos y de los mitos nos anima a responder a la llamada aunque no sepamos adónde vamos, en qué dirección o durante cuánto tiempo.
…lo más temible no es el avance en medio de la oscuridad buscando la piel del alma sino la inmersión en el agua, el regreso efectivo a casa y especialmente la despedida efectiva. Aunque las mujeres regresen a sí mismas, se pongan la piel de foca, se la alisen bien y estén preparadas para la partida, el hecho de irse es muy duro; es muy duro ceder y entregar aquello en lo que habíamos estado ocupadas hasta aquel momento e irnos sin más.
Aunque no se puede regresar de nuevo a la matriz, sí se puede regresar al hogar. Y no sólo es posible sino que es un requisito imprescindible.
Allí no sólo hay tiempo para meditar sino también para aprender y descubrir lo olvidado, lo abandonado y lo enterrado. Allí podemos imaginar el futuro y examinar también los mapas de las cicatrices de la psique, averiguar sus causas y adónde iremos a continuación.
Cuando es la hora, es la hora. Aunque la mujer no esté preparada, aunque las cosas no estén hechas, aunque hoy tenga que llegar el barco. Cuando es la hora, es la hora. La mujer foca regresa al mar, no porque le apetece, no porque hoy es un buen día para ir, no porque su vida está limpia y ordenada; no existe ningún momento limpio y ordenado para nadie. Se va porque es la hora y, por consiguiente, se tiene que ir.
martes, 17 de enero de 2017
Crisis evolutivas
"Las crisis evolutivas son períodos de estrés psicológico que acompañan a los momentos críticos de nuestra vida. Suelen ir acompañadas de grandes conmociones psicológicas que, en ocasiones, alcanzan dimensiones realmente amenazadoras. Estas transiciones pueden presentarse de manera espontánea, como sucede durante la adolescencia o la crisis de la mediana edad, o verse inducidas por técnicas catalizadoras del crecimiento, como la psicoterapia y la meditación. Tengamos en cuenta que el crecimiento psicológico rara vez discurre por cauces apacibles. Muy al contrario, suele verse jalonado por períodos de confusión y cuestionamiento o, en casos extremos, de desorganización y desesperación". Roger Walsh en The World of Shamanism
La desilusión, la crisis, la depresión, la ruptura forman parte del camino. Aunque profundamente dolorosas, nos ofrecen la oportunidad de cultivar el discernimiento y sanar las pautas y tendencias insanas de un modo que pocas terapias consiguen.
Cuando se rompen las ilusiones, bajo las que ocultamos la realidad puede asomar algo más interesante, esencial y verdadero y brota una profunda necesidad interna que nos empuja a tratar de discernir lo que hasta ese momento no habíamos podido o no habíamos querido ver.
Y, cuando vemos, es posible asumir una mayor responsabilidad por nuestra vida, abrirnos a una mayor comprensión, reto y expansión así como la oportunidad de profundizar también en nuestro servicio a la humanidad.
En palabras de A. Lowen "La desilusión es lo único que puede curarnos de la ilusión. Sin desesperación, una especie de período de luto por las ilusiones y fantasías perdidas, jamás podríamos mirar de frente a la realidad. Quizás haya personas que no puedan superar la desilusión, pero lo cierto es que sin ella no puede tener lugar ningún cambio verdaderamente importante".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




